A una vida mejor inexistente

Desde que tengo memoria soy aficionada al cine, y aún más a la literatura. Los libros me enseñaron lo que era el amor, lo que era la justicia. Podía pasarme horas y horas leyendo y releyendo páginas, ansiando como los protagonistas el final feliz, que casi siempre se cumplía.
Pero con el paso de los años, una descubre que la vida no es de color de rosa.
Crecí sabiendo que lo que sucedía en las películas y en los libros no es más que ficción, pura y dura ficción, pero entonces, ¿por qué llegaba a identificarme tanto con un personaje? ¿Por qué me asombraba cuando la gente me decía que le había pasado cosas muy parecidas?
Creí que había algo, aunque fuese una mínima parte, de verdad en esas historias.
Sin embargo, seamos justos, la vida no es una película.
No existen caballeros medievales, y muchos menos héroes. Tampoco hay finales felices, al menos para mí. He pasado toda una vida viendo historias que se repetían una y otra vez, llegando a comprenderlas, pero pocas veces a identificarme con ellas. Creía que el mundo podía ser un lugar donde podría encajar.
A los doce años, pensé que mi vida mejoraría cuando estuviese en Bachillerato. En Bachiller, pensé que mi vida mejoraría con creces cuando llegara a la Universidad.
Pero estoy en la Universidad y todo sigue igual, incluso peor. Y poco a poco dejo de tener sueños y aspiraciones porque he aprendido que mi vida no está hecha para el final feliz de las películas. No soy un drama, ni una comedia, ni una tragicomedia... No soy nada. El mundo se ha cebado conmigo demasiadas veces y, por ser quien soy, no puedo tomármelo con humor como harían otros, siempre viendo el lado positivo de las cosas. Yo no soy así, hace tiempo que dejé de ser así. Sufrí mucho, y aún sigo sufriendo. Me siento como un fantasma en una sociedad que avanza a mis espaldas. Si miro atrás todavía puedo ver mi reflejo en el cristal: el de una pobre chica solitaria que siempre se sentaba sola en el autobús, mirando por la ventana, imaginando que algún día aparecería esa persona especial con la se identificaría y podría ser feliz. Pero como he dicho, la vida del cine no está hecha para mí. No soy una princesa de cuento, y ni siquiera soy una persona normal marginada, porque incluso esas acaban siendo felices en las películas. Solo soy una pequeña parte de esta sociedad cruel.
La buena suerte no existe para mí, me pasan desgracias todo el tiempo. Soy la típica chica que siempre está perdiendo algo, a la que le pueden vacilar o robar fácilmente. Nunca puedo permitirme andar con confianza por la calle, porque sé que si lo hago, terminará pasando algo, como la experiencia me ha demostrado. Y piensas: "¿Por qué me ocurren estas cosas solo a mí?" La que casi nunca habla, la rarita que lleva bolsos frikis de series que nadie más ve. Si la gente me mira, siempre es de forma rara. Me siento criticada incluso por personas a las que no conozco. Si me atrevo a ir sola al cine, la gente se cree que no tengo amigos y que soy una marginada, y por eso se creen con derecho de hacer cosas como robarme un gorro de lana que me compré hace unos meses y que siempre usaba.
No sé qué ven los chicos en mí, y no creo que lo sepa nunca, porque últimamente casi siempre estoy llorando. Lloro cuando nadie me ve, y luego finjo una sonrisa ante mis padres. Pasan por completo de mí que ni se dan cuenta o, si se dan, lo malinterpretan. Ni siquiera mi madre se ve capaz de sentir el menor aprecio por mí. No confía en mí, me trata como una estúpida y me mina la moral y la autoestima cada día con sus gritos y sus insultos.
Me siento muy sola. Ni siquiera me siento capaz de confiar estas cosas a mis amigos, mi increíble y humilde familia de verdad. Cuando estoy con ellos, me siento a gusto y mis barreras se deslizan por un momento, creyendo estar a salvo entre tres, cuatro o cinco barreras más que pueden ponerse en tu lugar perfectamente. Pero entonces descubro que la vida trata mejor a esas personas que a mí. Siempre, o por lo menos muchas veces, tienen suerte. Son capaces de vivir experiencias que para mí son inalcanzables. A ellos nunca les han robado, o han perdido cosas, o los han tachado de torpes e inútiles. Su vida parece tan perfecta ante mis ojos, que pienso que es imposible que lleguen a sentir alguna vez lo que yo siento, y es cierto. Nadie puede sentir lo que yo siento, soy única en mi especie. Única. Cuando todo lo que querría es que el mundo me dejase en paz de una vez, en lugar de tratarme tan mal. Cuando lo único que querría es ser una persona normal como los demás, hablar como los demás, no tener miedo de hacer locuras, vivir las mismas experiencias, ser igual de aceptable para los demás. No puedo saber que muchas de esas personas también pasan a veces por cosas igual de traumáticas o tristes. Yo sufrí bullying, otros también. Lo que les diferencia de mí es que son capaces de seguir luchando, porque aún les quedan fuerzas y herramientas para hacerlo. Todavía tienen algo a lo que aferrarse.
Yo, en cambio, veo cómo el fino hilo que me ata a esa vida, a esa esperanza, se desliza por entre mis dedos. Se me ha escapado ya tantas veces y he corrido tanto tras él, tropezándome, que llegará un día en el que ya no pueda seguir más y me derrumbe, y el hilo se me escape para siempre y vuele lejos.
Si esto fuera una película, al final aparecería algo que me hiciese agarrar con firmeza el hilo y no soltarlo nunca, pero la vida no es una película, y mi vida ya no puede ir a mejor, sino a peor.
Soy la persona que escribe esta redacción como vía de escape al dolor que siente en estos momentos. Dolor porque ya está harta de este mundo miserable, que la golpea una y otra vez desde que empezó el año. De haberlo sabido, jamás habría querido que acabase el anterior. Soy la persona prescindible, de la que todo el mundo pasa. Ni siquiera mis compañeros de clase se acuerdan de mí, salvo para cuando les interesa. Tengo amigos, sí, unos pocos en la Universidad y otros fuera, pero ¿quién de ellos me escogería como compañera para vivir una aventura o para permanecer en una isla desierta cuando tienen otros miles de amigos más enrollados que pueden darles lo que exactamente quieren?
 No soy una persona desagradable, siempre lo he hecho lo mejor que he podido. Creí que si era buena persona como los protagonistas de los libros que leía de pequeña, al final me acabaría pasando también algo bueno. Pero gracias a mi madre he descubierto que no soy buena persona en verdad. He sido una hipócrita toda mi vida. Creía estar haciendo cosas buenas por los demás cuando siempre me he preocupado por mí misma, solo por mí. Si ella se hubiese molestado en ponerse en mi lugar, quizá habría sabido que si lo hacía, era porque nadie más me prestaba atención. Cuando nadie mira por ti, empiezas a hacerlo tú. Y ese egoísmo se incrementa, y cuando te pasan tantas cosas malas o pequeños infortunios de golpe, no puedes evitar hacer de un grano toda una montaña, y empiezas a maldecirlo todo: tu familia, el mundo que te rodea, tu personalidad... Empiezas a odiarte a ti mismo y, como las comparaciones son inevitables, te preguntas por qué no puedes ser como la amiga con la que todos se ríen, o como la amiga que tiene éxito profesional y todo le sale a pedir de boca.
En cambio, a mí no me queda más aspiración que una, y ni siquiera es probable que se cumpla. Me pregunto si dentro de diez años estaré aquí, desahogándome de nuevo en este lamentable blog cuyo nombre es como una bofetada en toda la cara en estos momentos. Pura ironía. Creí que mis sueños eran luz, pero en realidad no existe la luz para mí, tan solo la oscuridad.
Pesadillas y oscuridad.

La realidad y la fantasía de los filmes (montaje)

Después de una entrada un poco triste, me gustaría, para aliviar el malestar que pueda causar, colgar algún montaje hecho por mí (en principio iban a ser montajes, en plural, pero viendo la velocidad del blogger para subirlos...). En ocasiones las películas, aun siendo pura fantasía, igual que las novelas, ilustran de maravilla lo que nos sucede a nosotros en el día a día, o cómo nos sentimos o nos vemos. Quizá no todas las experiencias tengan un final feliz, o quizá aún no hayamos experimentado esas escenas tan románticas de primera mano y nos parezcan imposibles, porque no existe gente así en la vida real. ¿Quién sabe?
Tampoco es que tengamos superpoderes ni nada por el estilo. No podemos leer la mente ni mover objetos sin tocarlos. Pero podemos elegir nuestro camino y qué hacer con lo que tenemos. 
Y yo he hecho esto: http://www.youtube.com/watch?v=eGMOCRB6rG0&feature=plcp



Puertas cerradas

Dicen que en ocasiones, el camino de uno ya viene señalado, pero en realidad no está compuesto más que por una serie de hierbajos que debes ir apartando para lograr formalizar la calzada. 
El problema está en que algunos hierbajos están tan enraizados en la tierra, que cuesta arrancarlos, y no tienes más remedio que sortearlos o caminar por encima, soportando los atascos y los tropezones.
Nunca sabes hacia dónde te va a llevar ese camino. En ocasiones observas cómo se materializan dos o más desvíos. ¿Cuál escoger? ¿Cómo saber que vas en la dirección correcta? Puede que tengas suerte y termines escogiendo el destino que deseas, pero otras veces, te presentarás ante puertas que, por mucho que lo intentas y forcejeas, no se abren.
La vida se acaba consumiendo, y hoy en día parecen existir más puertas cerradas que abiertas, y son muy pocos los capacitados para encontrar la salida. Pasas por muchas desilusiones y ves cómo con cada una de ellas otra puerta más se cierra. Te sientes atrapada en tu mundo, incapaz de avanzar, porque no te dejan. 
Esto le ocurre a todo el mundo, dicen, pero son los jóvenes los que lo sufren en su carne todos los días.
Trabajos inalcanzables, sueños incumplidos... La negación de una oportunidad de demostrar lo que vales.
Una puerta cerrada detrás de otra.
Llega un momento en que empiezas a perder la esperanza y ya no sabes hacia dónde tirar. Te acurrucas en tu camino lleno de hierbajos, hecho/a un ovillo y desahogas tu agonía, pues piensas que ya no queda más por lo que luchar. Después de recibir tantos nos y ver cómo las oportunidades se escapaban de entre tus dedos, poco hay que pueda consolarte.
Lo más duro es ver a tu alrededor gente que lo tiene todo fácil y avanza sin problemas. Amigos que consiguen empleo gracias a contactos, que viajan por el mundo, a los que conceden beca, que tienen novio/a... Y eso te lleva a pensar qué tienes tú para que el mundo te odie tanto, o por lo menos, no te soporte o te ignore, como si fueras una sombra dentro de la sociedad. Piensas que algo falla en tu vida, por la que empiezas a sentir rencor, porque sientes que nadie te ha dado suficiente apoyo o ha tenido demasiado en cuenta tus sentimientos. Siempre se ponen excusas:" no hay dinero", "no tengo tiempo", "no puedo, lo siento"... Y tú asientes y piensas: "Vale, puedo entenderlo", cuando lo cierto es que lo único que tienes en mente en ese momento es la cantidad de favores que haces y lo poco que te los agradecen más tarde. Bueno, los favores no se inventaron para recibirlos a cambio de darlos, ¿no? Y sería muy poco considerado por tu parte echárselo en cara, así que te guardas tu amargura para ti mismo y observas cómo los demás siguen avanzando y abren sus puertas sin problemas, mientras ves cómo las tuyas se van cerrando.
El destino es cruel, y te juega malas pasadas, ¿verdad? Aquel concierto de aquel super grupo famoso que tú te morías por ver y que al final, solo fue un fantasma más de tu día a día, porque nadie quiso ir contigo y no pudiste acudir tú sola, siendo tan lejos. O aquellas ofertas de trabajo que te interesaban pero para los que jamás te cogieron debido a tu nula experiencia. Y lo que primero que te viene a la cabeza cuando escuchas esto es: "¿Y cómo demonios voy a ganar experiencia si nadie me deja intentarlo? ¿Qué tengo que hacer?"  Sin trabajo, no hay dinero, y sin dinero, poco podías hacer para ahorrar para ese viaje de ensueño que te morías por realizar. Y llega un punto, cuando se es lo suficientemente mayor como para empezar a ganar dinero por ti mismo/a, en el que pedírselo a tus padres resulta vergonzoso y casi mezquino, como si les estuvieras obligando a seguir cuidando de ti, como si jamás estuvieras dispuesta a abandonar el nido. Y la vida resultaría mucho más sencilla si así fuese, ¿verdad?
Pero en el fondo sabes que no es eso lo que quieres. Solo quieres una oportunidad, que te dejen luchar por lo que  deseas, que te permitan cumplir tu sueño. 
Así pues, permaneces sentada durante lo que parecen décadas frente a esa puerta, esperando con tu alma que se abra. Algunas lo harán con el paso del tiempo, mientras que otras seguirán siendo los sueños que jamás cumpliste. Es ley de vida; algunas puertas nunca podrán abrirse... siempre que no encontremos la llave necesaria para hacerlo.
Y esa llave eres tú, no el destino, ni la suerte. Lo que pasa es que no es sencillo tomar la iniciativa cuando todo lo que rodea a los tuyos está impregnado de esos ingredientes, mientras que tú, sigues igual, sin cambiar, sin suerte ni nada. Es en estos casos cuando dejas de escuchar a los que te dicen: "Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte". La suerte jamás está, ha estado, ni estará de tu parte. Tu vida es una lucha ardua por ganar lo poco que tienes, no una suerte. 
Y la gente no se da cuenta y no reconoce tu mérito.

El mundo se ha transformado en Panem

Basta con verlo.
Estoy sentada frente al televisor, haciendo zapping con el mando. Mis ojos se detienen durante unos minutos en imágenes impactantes, antes de pasar a otras: un hombre siendo juzgado por haber matado a su mujer. Un equipo de rescate tratando de sacar a una niña japonesa de entre los escombros de lo que antes era una escuela. Un incendio que abrasa unas cien hectáreas, llevándose toda vida presente en ellas; unos jóvenes siento maltratados sexualmente...
Solo son unos segundos, apenas hay tiempo para enterarse de todo y concentrarse en los detalles, pero lo esencial se capta al instante. Al final me harto y apago la tele.
Permanezco sentada un buen rato, mirando a la nada, reflexionando acerca de lo visualizado. ¿En qué se ha convertido este mundo?, no puedo evitar preguntarme secamente. Dentro de unos veinte minutos, más o menos, acabará el telediario y empezará la siguiente tortura: los realities.
Gente gritándose una a la otra, cotilleando sobre los demás, poniéndose en ridículo delante de las cámaras que graban las veinticuatro horas del día, intentando demostrar que son tan fuertes como para sobrevivir en una isla desierta o en una casa con desconocidos. 
Engaños, envidia, hipocresía y competitividad a partes iguales. De nada me sirve ya tener esperanzas, hace tiempo que la sociedad se ha perdido a sí misma y está condenada.
A mi lado descansa mi ejemplar intacto de la novela de Suzanne Collins, y pienso en el motivo que le llevó a la autora a crear semejante historia. No fue la imaginación, ni tampoco un sueño. Fue el encontrarse donde yo misma estoy ahora, viendo lo que he visto. Y no puedo evitar pensar en el futuro que nos depara si continuamos así, donde ya casi puedo visualizar a los personajes en carne y hueso. Entonces, me doy cuenta de que eso ya ha pasado, y que donde yo vivo ahora no es en España, sino en una versión europea de Panem, el país de los doce distritos gobernados por la máquina de matar conocida como Capitolio, salvo que aquí, este parece estar repartido por todo el mundo.
Sé que pensar eso quizá sea sobrepasarme un poco, pero es el camino que estamos tomando. Los gobernantes cada vez se van individualizando más del pueblo. La crisis económica, gente en el paro, viviendo en las calles... Un planeta que poco a poco se va apagando. Y los de la cima se creen que con darnos el "pan y el circo" van a contentarnos; nos tratan como a robots, y ni siquiera nos damos cuenta, o sí lo hacemos pero no podemos responder ante tal abuso porque no tenemos la fuerza suficiente.
A este paso, solo es cuestión de tiempo que acabemos todos en la pobreza. ¿Y entonces, qué? ¿Nos obligarán a matarnos entre nosotros, a sacrificar a los débiles para que los demás puedan vivir? Lo veo en mi mente y siento un escalofrío.
Guerras. Hambre. Terrorismo. Desastres naturales.
Puede que todavía exista una vaga salida, aunque sea muy pequeña. Sí, prefiero pensar que aún hay un rayo de luz esperando en alguna parte a la persona, al líder, que habrá de colocarse debajo para dejarse iluminar. Prefiero pensar que eso que veo todos los días por la tele no será eterno, que cambiará.
Prefiero pensar que los Juegos del Hambre nunca se harán realidad.
Por desgracia, el mundo sí acabará destrozado como Panem.

Nueva etapa

La graduación es...algo inesperado. No en el sentido que uno piensa con dicha palabra, sino más bien distinta a cómo pensabas que sería.

Toda tu vida has tenido presente este momento, y sabes que pronto llegará la hora de realizar la tuya; te ves lista, preparada para despedirte de todo el mundo. Pero cuando llega la hora, tus fuerzas flaquean.
Amigos, compañeros, a los que ya no volverás a ver porque se van de la ciudad. Profesores cuyas clases echarás de menos. Las fiestas del colegio, las excursiones, los viajes.... Todos esos recuerdos son ya los únicos que permanecerán contigo en esta nueva etapa, y no serán pocas las veces que desees volver a ellos.
Una vez salgas del colegio, habrás empezado una nueva vida, porque con la graduación se cierra una etapa y se abre otra. Ya no tendrás a gente conocida a tu lado en esta nueva etapa, tendrás que empezar de cero. Es posible que te asustes, pero recuerda que todo el mundo se sentirá como tú. Para hacer frente a la universidad debes recibirla con los brazos abiertos y aprovechar el verano para despedirte de tus amigos. Ya no los tendrás para tomar con ellos un café entre clase y clase, ni para que te ayuden con los deberes ni para que estudiéis juntos.
Tú seguirás tu camino y ellos, el suyo.
Por eso la universidad supone empezar de cero.
Necesitarás tiempo para habituarte a los nuevos horarios, la nuevas clases, los nuevos profesores. Tendrás más tiempo libre, que tendrás que distribuir bien para poder estudiar la lección y llevarla al día o se te acumulará todo, pero eso como en cualquier lado.
De vez en cuando, si tienes tiempo, hasta podrás visitar tu antiguo colegio, saludar a tus profesores, compartir con ellos anécdotas y cosas sobre la universidad, pedirles consejo.
Una vez que has dejado de ser su alumn@, las relaciones con ellos se vuelven más amistosas que profesionales. Pero de alguna forma, sabes que ya no les podrás pedir ayuda como antes; ellos ya te educaron y te prepararon para este momento, ahora debes llevar tú las riendas, buscarte la vida. Serás mayor de edad dentro de poco si no lo eres ya. Un año se pasa volando.
No te sientas disgustado si el primer día no conoces a nadie. Tienes todo el curso por delante, y los trabajos en grupo te ayudarán a socializar, así como horas y horas de clase compartidas.
Y aún estando preparándote para los exámenes finales antes de Navidad, volverás la vista atrás y recordarás el momento que tanto cambió tu vida y la de tus compañeros: la graduación.
Volverás a recordar cada detalle: la música que bailasteis, la comida que cenasteis, el vestido que llevaste... Y seguro que sonreirás al recordar la variedad de discursos de despedida, por parte de profesores y alumnos. Puede que incluso tú misma desees ir a la graduación de tus compañeros que ahora estarán en 2º de Bachillerato. Querrás estar ahí con ellos para apoyarles y decirles lo bien que les irá en la vida.
Con el paso de los años, irás perdiendo esa costumbre, hasta que tan sólo quedes tú, tú y sólo tú.
Porque es una nueva etapa, y las nuevas etapas exigen cambios.

Un verano diferente e inolvidable.



En el aeropuerto me temblaban las manos de pensar dónde estaba y adónde iba. Casi podía ver a mi padre a lo lejos, despidiéndose. Sólo una barrera de control y de personas nos separaba. Me hubiera gustado que viniera, pero no podía ser. Por razones de trabajo, debía quedarse en casa.

Y le eché de menos.

Las horas siguientes fueron tranquilas, pero por dentro estábamos ansiosas y nerviosas al mismo tiempo. Cenamos y después, embarcamos.

Hacía tiempo que no viajaba en avión. La perspectiva de volver a hacerlo ahora me inquietaba, porque tengo miedo a las alturas y el viaje era muy largo (12 horas, ni más ni más menos), pero cuando el avión despegó, me sentí más tranquila, y me permití disfrutar de la gran visto que había a mis pies (al menos, lo que pude).

Fueron 12 horas, y como a cualquiera que se aburra fácilmente si no hace algo, se me hicieron eternas. A mitad de camino me dio un mareo y lo pasé mal. Estaba deseando aterrizar.

Y cuando aterricé, fue estar como en otra tierra, en otro mundo.

Mi tía vino a recogernos. Llevaba 15 años sin verla en persona, y la alegría no pudo ser mayor.

Me sentí como una exploradora observándolo todo desde la furgoneta que nos llevó a nuestra nueva casa durante aquel mes y una semana. Lo primero que hicimos, aparte de reconocer cada rincón de la casa, fue visitar a la familia. Hubo presentaciones, recuerdos, hubo de todo.

Mi hermana y yo nos quedamos pensando cuán de diferente era esa vida de la nuestra. Se avecinaba un cambio en nuestra rutina, ambas lo sabíamos, y nos sonreímos dispuestas a pasar el mejor verano de nuestras vidas.

Y eso que el primer día sólo era el principio.

Aún recuerdo cómo fue la semana de preparación de la boda. Salimos unas cuantas veces con nuestros primos, quienes nos enseñaron lo mejor de su barrio: un parque tranquilo donde la gente se reunía en grupo y tocaban con la guitarra. Qué bien lo pasé aquella noche.

Y por fin, llegó el día de la boda. La iglesia era hermosa, deslumbrante, diferente a todas las que había visto en mi país. Parecía un teatro por dentro, para que nadie se sintiera alejado del altar.

Fue una boda nunca antes vista, que me sirvió para valorar las costumbres que tenían allí. No sólo las valoré, sino que también sentí curiosidad por ellas, curiosidad que, no voy a mentir, a veces me mataba. Pero aquello era nuevo para mí, tenéis que comprenderlo.

En el banquete, baile de las que más con mi madre en la pista. Me lo estaba pasando en grande, conocí a muchos jóvenes agradables y simpáticos.

Los días siguientes, mientras mi prima recién casada se iba a disfrutar de su luna de miel, hubo encuentros con más familiares. La frase que más se repetía era "¿Te acuerdas de cuando....?" Pero yo apenas tenía dos años cuando vine por primera vez, ¿cómo querían que lo recordara? Es más, ¿cómo mi memoria se había atrevido a guardar esos recuerdos?

Así que, a pesar de haber estado ya ahí, me sentía como si fuera la primera vez.

Pasaron los días, y mi prima volvió con su marido, y ambos nos regalaron una experiencia inigualable: nos llevaron a visitar el mayor monumento y símbolo de la ciudad de Rio, el Cristo Redentor.

30 metros de altura imponentes, un calor asfixiante y mucha gente extranjera turista como nosotras no fueron impedimento para que me sintiera alucinada. Tuvimos que luchar para sacar unas fotos decentes con tanta gente, pero lo conseguimos, y nos marchamos con buen sabor de boca, aunque yo un poco decepcionada, pues esperaba recorrer la ciudad entera en vez de irnos a casa directamente. Supongo que no se puede tener todo, y es cierto que en aquellos momentos, esa era una misión suicida, con tanto calor. Pero me prometí a mí misma que volveríamos a verla.

Y pasaron los días, y seguimos haciendo cosas: dar paseos por el barrio, visitar los centros comerciales (mucho más grandes que los de mi ciudad natal) y acudiendo al estreno más esperado: el de Harry Potter y las reliquias de la muerte parte 2.

Nunca en mi vida había visto agotarse unas entradas tan rápido como en Rio de Janeiro, pero allí los cines siempre estaban llenos. La cola era inmensa, llegaba hasta la puerta de entrada del centro comercial.

Quizá tuvimos que esperar para ver la película, pero valió la pena, porque la vimos con más ganas.

El final fue increíble. La gente se puso a plaudir y pensé que nunca antes había visto nada igual. En mi ciudad todo el mundo se reprime, pensé. Parecía que estábamos en el avión cuando aterrizó (aunque eso ya se ha convertido en una tradición mundial).

Después de aquello, creí que algún día me lllevarían a conocer el centro de Rio, pero ese día tardó en llegar. Pasaron semanas y cuando ya llegaba la última, tuve una discusión con mi madre, porque yo había venido allí a conocer la ciudad, no a permanecer en casa. Para eso ya estaba mi ciudad. Entonces fue cuando mi tía me preguntó si quería ir al centro con ella, y se lo agradecí.

Visitamos la mítica Copacabana, nos hicimos fotos junto a la guitarra gigante de Rock in Rio, fuimos a Ipanema, el bar donde se originó la canción "Mira que cosa más linda, tan llena de gracia". Vimos el sambódromo, y pasamos en coche junto a algunos lugares que habíamos visto desde el Cristo. Éste, por cierto, se veía desde todos los puntos de la ciudad. Y de noche, iluminado, como si no quisiera que la gente lo perdiera de vista un segundo. Mi hermana y yo nos inventamos un juego: " a ver, ¿dónde está el Cristo ahora? Por la derecha, junto al Pan de Azúcar". Era increíble.

Me sentía como si nunca hubiera salido de mi país, salvo por la gente, el paisaje y el tiempo, demasiado cálido para ser invierno. Y Dios, qué gente. Tan educada, tan amable.... Nada que ver con la que yo conocía.

Y qué decir de la comida: todos los días comía fechuada, el plato típico brasileño. Cómo me gustaba. Y las pizzas, qué ricas... No sé qué les metían, pero tenían un sabor único.

Vi películas hasta hartarme. Mi primo pequeño tenía una televisión con 126 canales, algunos de ellos de cine, y fue los que más usé durante ese tiempo. Vi La huérfana dos veces. Disfruté de El orfanato (me hizo ilusión que pusieran una película española en Rio de Janeiro) y me reí con Niños Grandes, Los Simpson, etc unas cuantas veces.

Visité las favelas, donde vivía una tía de mi madre. Me sentí como si hiciera deporte de riesgo bajando y subiendo por aquellas escaleras tan empinadas. Fui a la playa a tomar el sol y darme un baño, aunque sólo un día.

Hice turismo por Niteroi, una ciudad que estaba al lado de Rio, tan hermosa como ésta. Visité el zoológico, y me habría gustado poder ver el museo de historia, pero no nos dio tiempo, cerraron muy pronto. El zoo fue sin duda la mejor parte de aquel día (el sábado antes de irnos), una despedida en toda regla. Nunca había visto jirafas, leones, lobos....tan de cerca. Animales exóticos que no había visto en mi vida, animales que ya conocía. Y por supuesto, no podíamos irnos de Rio sin ver la película que le daba nombre, Rio.

Me reí mucho con esas aves y la banda sonora me gustó bastante, tanto que me la compré.

Nuestros vecinos tenían unos gatos que enseguida nos cogieron cariño. No fueron pocas las noches que mi tía tuvo que atrancar la puerta porque la gata se quedaba durmiendo en el felpudo, esperándonos a mi hermana y a mí. A nadie en la familia le gusta los gatos, sólo a nosotras. Ellos tienen una perra llamada Sofía, como la reina de España. La llamábamos "pequeña reina" bromeando.

A la gata le pusimos de nombre Duquesa, como la de los Aristogatos, porque se parecía mucho a ella. Tenía un hijo, al que nosotras cuidamos un día que sus padres lo dejaron solo en nuestro portal. Lo llamamos Cuki. Al cabo de unos días, los vecinos se lo dieron a alguien, y fue desde ese momento cuando la madre vino con nosotras, para aplacar la tristeza que sentía por haber perdido a su hijo.

En Rio me llamaron desde España para decirme que había ganado el Premio Extraordinario de Bachillerato de Navarra, e incluiso me llamó el periódico para entrevistarme por teléfono. Todo el mundo se enteró de la noticia, porque ahí éstas vuelan rápido.

No todo siempre fue alegría y diversión en este viaje, pero cuando llegó el día de irnos, no queríamos marcharnos. A todos les regalamos un pañuelo de nuestra ciudad, simbolizando las fiestas. En el aeropuerto se me hizo un nudo en la garganta al abrazar por última vez a mi tía, a mi prima y a su marido, que vinieron a despedirnos.

No pude evitar llorar un poco al embarcar. Nos tocó ventana en el avión.

Al contrario que el viaje de ida, el de vuelta fue exclusivo. Me llevaba conmigo nuevos amigos, una nueva experiencia y recuerdos que sabía que esta vez no iban a desaparecer. Y lo mejor: prometimos volver, de aquí a dos o tres años estaremos visitándolos de nuevo. Quizá sea mucho tiempo, pero eso nos deja oportunidad para hacer otras cosas y prepararnos para el regreso. Yo ya tengo claro cuál quiero que sea mi siguiente destino.

No puedo morir sin haber ido a Londres.





PD: hice un video con fotos de mi viaje a Rio y lo subí a youtube. Mi canas es Naifan93, y el video se titula Rio 2011.wmv







Angustia... :(

No me puedo creer que vaya a escribir mi primera entrada del año y vaya a ser para esto, pero necesito desahogarme de algún modo, y ya dije hace tiempo que no iba a escribir hasta que tuviera algo que decir, aunque ese algo haya llegado a estas alturas y ya nadie lo vaya a leer y me de por perdida. Creí que mi sufrimiento se acabaría al acabar los exámenes (cosa que sucedió el 15 de marzo, justo el día del cumpleaños de mi padre, xd), pero no ha sido así, y la buena vida sólo ha durado una semana. El caso es que sólo me quedan 16 días de clase antes de las vacaciones de Semana Santa, y no sé cómo voy a afrontar todo lo que viene por delante, porque francamente, para mí no existen esas vacaciones que los demás esperan, ya que después de éstas, sólo tendré dos semanas para prepararme para mis últimos exámenes antes de la graduación y de estudiar para Selectividad (la prueba para entrar en la Universidad). No debería quejarme, pues hasta ahora me ha ido muy bien, más que bien para algunos (lo cual me hace sentir incómoda, porque es como si ya no pudiera fracasar, y no puedo hacer eso ahora, en la recta final), pero es que me viene todo de golpe y es una tortura. Prometo que nunca me he sentido peor en toda mi vida, este está siendo el curso más horripilante de toda mi carrera estudiantil y lo peor es que ha sacado a la luz un problema mío que antes creía poder controlar: crisis de ansiedad. Sólo con pensar en ello ya me siento mal, así que no quiero darle más vueltas y no me voy a entretener a explicar algo que se supone que ya se entiende con tan sólo nombrarlo. Simplemente diré que esta Evaluación ha sido cuando por fin he reaccionado ante mis profesores y les he contado el problema. Lo malo es que ellos no pueden "frenar" lo que me pasa, sólo hablar conmigo, apoyarme y animarme a que siga igual que siempre. Resulta una locura que una persona con notas excelentes sufra este "problema mental" (sí, no me da miedo reconocerlo, ya no), pero a menudo suele darse esta situación precisamente por el hecho de que nos esforzamos tanto en conseguir algo, que a veces sobrepasamos el límite. Lo que a mí me asombra es que aun cuando entro en ese estado de depresión, mantenga mi "habilidad" de sacar buenas notas (aunque si digo la verdad, en un examen de Arte estuve a punto de rendirme y venirme abajo, menos mal que no lo hice, porque el resultado fue muy bueno). Pues bien, ahora no estoy de exámenes y procuro llevar todas (o casi todas) las lecciones al día, para que no me cueste tanto repasarlas después. El problema es que ya no sé cómo planificarme para que no me pase como en las otras Evaluaciones y eso me asusta, porque nunca me había pasado antes, es más, siempre he creído que las grandes notas que saco son producto de mi planificación y mi esfuerzo (con una dosis increíble de fuerza de voluntad). Además, en las anteriores, siempre procuraban sacarnos dos exámenes fuera de fechas para que el estudio se nos hicera más cómodo (eran los dos que más contenido tenían), pero esta Evaluación nos entra todo de golpe y una vez que terminemos, al día siguiente, es la graduación, y al siguiente, nos entregan las notas y después, sólo tenemos una semana y dos días para repasar un curso entero de cara a Selectividad, ¡una semana! Si dos semanas ya entran justas para mí para un sola Evaluación, imagina una semana para un curso entero (además mi colegio es uno de los que tienen mayor nivel de estudios, por lo tanto, podemos llegar a estudiar el doble de lo que estudian otros, cosa que tiene como objetivo prepararnos completamente para realizar la prueba. No me entendáis mal, yo adoro mi colegio y agradezco- en parte- que nos aprieten tanto porque así iremos más preparados, pero a veces es demasiado). Esto tiene pros y contras. Uno de los pros es que técnicamente sólo tienes que repasar dos Evaluaciones, ya que la 3º la tienes más reciente y te acuerdas de ella. Por otra parte, son sólo tres días, y después ya podrás disfrutar de tus vacaciones de verano que tanto te mereces. Lo malo es que si tienes que presentarte a más de las cuatro asignaturas obligatorias, una semana puede ser bastante justa, por eso de momento yo opto sólo por las obligatorias, ya que no me merece la pena pasarlo tan mal para subir nota en Selectividad cuando ya me han cogido en la Universidad y tengo la plaza reservada (de modo que sólo tengo que aprobar). Pero aun y todo no sé qué esperar, porque sigo necesitando sacar como mínimo un 8 de media para conseguir la Beca Alumni en Bachillerato; de momento voy bien, pero no me atrevo a pedir la beca simplemente por miedo a que sacar buenas notas se convierta de pronto en una exigencia que termine agobiándome más de lo que ya estoy. Yo quiero pedirla, y voy a hacerlo porque la necesito para costearme la carrera. Y había planeado repasar en Semana Santa la 1º Evaluación de los exámenes a los que me voy a presentar, en principio. Cuando hablé con mis profesores, mi tutora y mi orientadora me aconsejaron que buscara ayuda en un psicólogo, y es lo que estoy tratando de hacer ahora, pero mi madre dice que ahora no me hace falta porque me ve muy bien. Y sí, tendrá razón en que estoy más tranquila, pero ya no sé cómo convencerla de que lo mejor es estar prevenida, porque así estaba también en las otras Evaluaciones y luego, a la hora de la verdad, estallé. El problema es que a ella le preocupa otro asunto, porque también necesito ir al dentista (y estamos hablando de ir para un tratamiento totalmente completo) y tenemos que comprar los pasajes y renovar los pasaportes para irnos a Brasil en verano, justo nada más recibir los resultados de Selectividad, lo cual ya es otra exigencia, porque tengo que aprobar todo a la 1º sí o sí si quiero estar en la boda de mi prima- es una injusticia, pero bueno-. Si a todo esto le añado dudas estúpidas producidas por el miedo que me surgen sobre la carrera y Selectividad, no se puede decir que esté en mi mejor estado de ánimo :(. "La Escritora".

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Sobre el blog:

Bueno, muchos que estás visitando el blog ya me conocéis.

Sueños de luz es un espacio abierto, y vosotros podéis perfectamente compartir vuestra opinión por medio de los comentarios. Quizá esto os sirva para conocerme mejor, ya que sé que muchos me veís aún como una incógnita que deseáis descifrar.

Es un blog exclusivo, en donde compartiré lo mejor de mis experiencias y, ¿quién sabe? A lo mejor alguna curiosidad.¿Que por qué ese nombre? Fácil: porque los sueños reflejan una luz que aunque no se ve a simple vista, es muy poderosa: la esperanza.


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Veamos, me considero una chica maja, introvertida, y me expreso mejor por acciones que por palabras, o lo que es parecido, por escrito que por oral. Adoro la fantasía y una de mis grandes pasiones es escribir novelas de este género. Tal vez algún día publique alguna. Estad atentos por si acaso. ;) Oh, y como defectos...bueno, cabezota, desconfiada y a veces un poco egoísta esta´n entre ellos. No digo más.

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